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29.11.10

Encuentros cercanos

Es mejor así...

Luis Royo - Reina de bastos
Nunca es tarde para cruzarse con una urgencia de tu mismo palo, a menos que el trono de un Rey de Oros se instale en tu vida con la fuerza del acompañante eterno. Así comenzaba el día de la Reina de Bastos, una amante feroz de las aventuras osadas que despertaba en la bruma invernal con el alma atenta a nuevas aventuras.
El matrimonio entre el oro y la bastos era perfectamente estable, ordenadamente amable y calmo, una nube de deseos cumplidos y fielmente organizado de mayor a menor y por colores, de claros a oscuros. Las mañanas eran todas similares, aunque la bastos notaba como su esencia se esfumaba en el colorido gris que tomaba su vida, algo de ese rey la tomaba por completo, le atraía su fuerza productiva y sus atentos regalos. Los reproches no encontraban rincones por donde escapar, todo seguía siempre su curso normal y anticipadamente planificado. Pero esa mañana todo cambiaría por siempre.Un sueño sudoroso la despertó alterada y algo desenfrenada, eran recuerdos lejano de otras vidas, supo de inmediato que algo extraño la esperaba para atraparle el deseo adormecido. La calle estaba desierta, era realmente temprano, la reina se dirigía sus tareas habituales, pisaba con fuerza la vereda y se hacía notar a su paso la presencia que dejaba huellas oscuras en las veredas limpias de la pequeña ciudad. Su traje, regalo del ostentoso oro, le tapaba el cuello de dorado y la hacía lucir extravagante. Pero su pulcritud era, por siempre, una materia pendiente en el reinado de su vida, y esta no sería precisamente una excepción a esa regla.

20.10.10

Mejor te lo cuento yo...

15.45 Hs., domingo de lluvia

La tormenta aplacaba la ciudad con su intensidad, el miedo al naufragio no se le parece en nada a las excusas gubernamentales.
-¡¡Qué partido tan emocionantes va a ser el de hoy!! Todos chapoteando bajo el agua – Dijo el Loco.
Danzaban en la lluvia cantando, levantando el agua, repitiendo estrofas hasta aullar en disfonía. Los colores de las banderas se abrían paso a su alegría y en el jolgorio de sus danzas llevo bajo su brazo la agonía. Su cuerpo torpe amenazó el equilibrio precario del 9 de copas, que yacía invertido bajo la muchedumbre.
El Rey de oros, por su parte, ya en la comisaría tomó las declaraciones del incidente:-No lo vi, yo tan solo me moví bajo la lluvia… ¿Qué más puedo decir si no me dí cuenta? –